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Entrevista a John Chambers

CEO de Cisco Systems

HE AQUI EL EJECUTIVO QUE VILLALONGA QUERRIA SER. CHAMBERS DIRIGE LA SEGUNDA EMPRESA DEL MUNDO EN BOLSA (474.000 MILLONES DE DOLARES), SOLO POR DETRAS DE MICROSOFT. HACE 16 AÑOS NO EXISTIA. SU CRECIMIENTO, EL MAS RAPIDO DE LA HISTORIA, TIENE UNA EXPLICACION: EL 80% DEL TRAFICO DE INTERNET PASA POR SUS «AUTOPISTAS».

«Con Internet el mundo está abierto, y el dinero va allí donde están las mejores ideas»

Cargo: C.E.O. CISCO SYSTEMS, SEGUNDA EMPRESA DEL MUNDO EN BOLSA / 50 AÑOS / Formación: DERECHO / Credo: LA NUEVA ECONOMIA / Aficiones: PESCAR CON SU PADRE Y CON SU HIJO Y CORRER / Sueño: SOBREPASAR AL NUMERO UNO, BILL GATES

 

LAS VEGAS.- John Chambers se ha visto con casi todos los que, todavía, pintan algo en el mundo. A ellos, los primeros ministros de Asia, Europa y las Américas, les ha dicho lo mismo: o me siguen o están muertos. En Europa lo cogió al vuelo Tony Blair. Con José María Aznar aún no se ha encontrado, pero para Juan Villalonga sólo tiene elogios. Entre otras cosas, porque Telefónica ha sobrepasado a British Telecom en la Bolsa, la nueva diosa del siglo XXI.

«Europa me sorprende. Yo pensé que a la revolución de Internet que empezó en Estados Unidos le seguiría Europa y después Asia, pero fue al revés. Con la excepción de Tony Blair, que lo entendió enseguida», afirma en su primera entrevista a un periódico europeo el hombre que quiere expandir por el planeta su visión de un nuevo orden mundial conectado por Internet y, por supuesto, con Cisco Systems como principal proveedor. «Cuando estaba hablando con Blair parecía casi que estaba hablando con el presidente Bill Clinton: la misma terminología, el mismo entendimiento sobre la correlación que existe entre la economía y el futuro del país, qué quiere decir la competitividad de las empresas, cómo usar la tecnología, y la preservación y la creación de empleo, que es lo que permite a los políticos ser reelegidos».

«Es impresionante ver cómo con los líderes políticos está ocurriendo lo mismo que con los empresariales, muchos de los cuales no entendieron hasta el año pasado que se trata de una cuestión de mera supervivencia para ellos. Primero se observó una ola por todo el mundo de líderes empresariales que estaban captando el mensaje, y ahora se observa esa misma ola, pero entre los líderes políticos», añade quien, minuto a minuto, se aproxima a Microsoft. Mientras hablamos, Cisco Systems aumenta su valor en casi un 12%. El nuevo subidón en la Bolsa lo sitúa ya a 474.000 millones de dólares, a tan sólo 16.000 millones de dólares de distancia de la empresa de Bill Gates.

Es vértigo lo que una siente al hablar con este hombre, y no debido a la gigante réplica de la torre Eiffel que se cuela por el ventanal de la suite. El motivo de tan súbita aprensión es percibir que este ser sonriente y angelical se refiere a las personas que rigen nuestros destinos como pobres escolares incapaces de aprenderse la lección. Del rey de Jordania no se acuerda ni del nombre. Sólo, eso sí, que Abdulá lo captó.

«En Asia todos lo entendieron excepto el primer ministro japonés [se refiere a Ryutaro Hashimoto, a quien vio dos meses y medio antes de perder las elecciones, en verano del 98]. A veces, las empresas de mayor éxito, en los países de mayor éxito, son las más lentas. Hasta que no se dan cuenta de que se trata de una cuestión de supervivencia, los países no se mueven», señala sin apartar un solo instante sus ojos azules de muñeco, que apenas parpadean. «Por eso, algunos, como los asiáticos, cuyas economías estaban en mal estado entendieron pronto la necesidad, u otros, como algunos países de Europa del Este, que llegaron tarde a la Revolución Industrial y que esta vez no quieren llegar tarde, lo entendieron mejor. Pero, sobre todo, lo cogieron los líderes asiáticos, a excepción de Japón, sea Kim [Dae Jung, primer ministro] de Corea del Sur o Lee Teng-Hui [presidente] de Taiwan o Jiang Zemin de China o Goh [Chok Tong], de Singapur o Mahathir de Malasia o [John] Howard de Australia. Todos lo entendieron». En esto saca un cuadro con el que intentó convencer al obstinado Hashimoto, que se empeñaba en salir de la recesión como se hacía antiguamente, construyendo fábricas y carreteras: «Le hice ver que la inversión tecnológica en Japón era sólo del 20%, mientras que en Estados Unidos era del 57%». Efectivamente, en los gráficos que compartió con Hashimoto se observa cómo el crecimiento de Estados Unidos, en términos de productividad, fue de un punto y medio entre el 80 y el 90 y de ¡cinco! en el último cuarto debido a la gigantesca inversión tecnológica. A Chambers se le ilumina la cara: «Estamos construyendo la infraestructura de la Segunda Revolución Industrial, que es la Revolución de Internet, ésta que no conoce fronteras, que es global».

-¿Por qué no lo entendió Hashimoto?

-Porque es muy difícil cambiar cuando te va medianamente bien. Jiang Zemin, sin embargo, tardó un cuarto de hora. En Japón pasa como antes en Alemania. Eran países acostumbrados a hacer las cosas por consenso, con un liderazgo político fuerte. En períodos de evolución rápida como ahora, el consenso no sirve.

«Lo más excitante de lo que está pasando a nuestro alrededor es que en la vida va a haber dos igualadores: Internet y la educación», señala él, quien reconoce que cuando llegó a Cisco, hace diez años, no sabía de qué iba la cosa: simplemente lo aprendió. «Antes, para participar en la Revolución Industrial, tenías que estar en el país adecuado y en la geografía adecuada dentro de ese país, ahora no es así. Los trabajos irán allí donde esté la gente con una educación mejor y con unas mejores infraestructuras. Puede que tardemos aproximadamente una década en manejar todo esto, pero ocurrirá».

-De momento, en mi país, sólo el 10% de la población utiliza Internet.

-Déjeme decirle, en primer lugar, que lo que nosotros hacemos es único: proveemos productos a la mayoría de las grandes empresas de todo el mundo, con lo cual sabemos qué es lo que está pasando en todo el planeta. Además, escuchamos lo que nos dicen nuestros clientes. Por eso sabemos que, a diferencia de la Revolución Industrial, cuando era suficiente construir la infraestructura, ahora lo importante no es sólo hacer las autopistas, sino educar a la gente para que sepa cómo avanzar por ellas. Le aseguro que a finales de esta década, ese 10% de españoles hoy se habrá convertido en más del 90%. Eso quiere decir que para entonces, cualquier persona de un país occidental como España podrá acceder al colegio, al centro comunitario o la casa por Internet.

-Hay españoles, europeos en general, que cuestionan esa afirmación diciendo que entre Estados Unidos y Europa hay enormes diferencias culturales.

-Se equivocan. Por dos razones. Primero, se trata de sobrevivir. Aquellas empresas, perdón, aquellos países que no se enteren de qué va la cosa se van a quedar atrás de forma muy rápida. No hay nada mejor para introducir un cambio que la necesidad de supervivencia. Eso que usted me dice lo he oído muchas veces, tanto de empresas como de países. Afortunadamente, en cualquier país, si se educa a los líderes políticos, éstos toman buenas decisiones. Lo mismo ocurre con los líderes empresariales. Por eso, gran parte de lo que hago es evangelizar este mundo de Internet. Los líderes políticos de España son listos, y cuando entiendan lo que está pasando, cambiarán su comportamiento. La clave está en cómo hacerlo. Y en este punto, el papel de los medios de comunicación es muy importante. En Estados Unidos, es socialmente inaceptable que el presidente no sea capaz de articular su estrategia tecnológica. Hace dos años, a nadie le importaba. Ahora, todo el mundo sabe la correlación existente entre la forma en que un país utiliza su tecnología y la fuerza de la economía.

Y a todo ésto, ¿quién es este John Chambers? En Estados Unidos es más importante que el inquilino de la Casa Blanca. En Davos recibió más solicitudes de entrevistas y encuentros que el propio Clinton. Algunos datos para los lectores europeos; cuando nació su empresa, en 1984, tenía dos empleados -una pareja de novios de la Universidad de Stanford empeñada en comunicarse por correo electrónico-. Ahora tiene 26.000. En los últimos cinco años, sus acciones han subido un 2.300%.

Se quita importancia este multibillonario que brinda con Coca-Cola Light y tapea con butterfingers (tronquitos de chocolate). «Tengo la suerte de estar en la industria adecuada». ¿Y qué parte se debe a él, el niño disléxico de West Virginia que nunca destacó en sus estudios? «Una aproximación fanática al éxito de los consumidores que me lleva a atender personalmente, 365 días al año, a los que no están contentos; haber tenido que despedir a 5.000 personas en un trabajo anterior y haber decidido que eso no me ocurriría nunca más; tener una fuerza de trabajo diversa, hecha de gente de todos los países, de todas las edades, sexos y razas; haber sido pionero en entender la importancia de la tecnología, y tener visión estratégica: no se trata de trabajar más horas o de hacerlo mejor, sino de hacerlo diferente».

Y a todo esto, ¿qué construye llámeme-John-porfavor? Conmutadores y routers, los semáforos y las autopistas de Internet, cuyo mercado le pertenece en un 80%: «Piense en una gran autopista que recorre el mundo, cada vez que llegue a un cruce, nosotros hacemos el producto que permite a ese cruce funcionar. Nosotros permitimos que el tráfico circule».

Antes del encuentro en la delirante capital del juego, la visita a la sede en San José (California) es espectacuar. El campus tiene 30 edificios, todos idénticos, siete cafeterías, dos gimnasios y un relajante diseño Feng Shui (donde no hay comienzo ni fin). Que aquí se gana dinero, y mucho, no hay duda: en los aparcamientos hay más coches lujosos que los que puedan pertenecer a esos 2.500 empleados que ya se han hecho millonarios gracias a las stock options. También hay bonos instantáneos de 2.000 dólares (unas 350.000 pesetas) y un cómodo servicio de lavandería. En construcción está una guardería.

Tantas amabilidades se deben a la gran demanda de trabajadores cualificados que hay en Silicon Valley. Cada cuatro meses, Cisco necesita contratar a 3.000 personas más. Así, no es extraño que gente como Steve Langdon, un brillante graduado en Periodismo por la Universidad de Columbia, haya abandonado a sus 33 años una prometedora carrera en Washington como portavoz del portavoz del Comité Demócrata Nacional para venir a un sitio donde a un europeo le resulta difícil vivir. Chambers dice que nunca pide a un empleado algo que él no pueda hacer. Su despacho, desde luego, es pequeñísimo, igual que el del resto de los ejecutivos. En teoría viaja en clase turista, como todos en Cisco, pero aquí hay truco: se ha comprado, de su propio bolsillo, un avión de 22 millones de dólares.

-¿Cuándo concluye esta Revolución?

-En dos o tres décadas. No será como la Industrial, que duró varios cientos de años. En los próximos diez años se sabrá quiénes son los ganadores y quiénes los perdedores. Va a ser muy rápido. Los líderes empresariales y políticos de Estados Unidos lo han entendido. O participas, o te quedas atrás.

Para entender a Chambers, que habla a la velocidad del rayo y con un fuerte acento sureño, es imprescindible dominar el inglés y estar bien concentrada. ¿Cómo soporta él esta constante presión? «Me gusta el estrés. Siempre y cuando sienta que controlo la situación. Además, este ritmo va a hacerse global: los que no lo mantengan, verán su nivel de vida caer en picado. Internet cambiará todos los aspectos de nuestra vida: cómo vivimos, trabajamos, jugamos y aprendemos. Nuestros hijos, probablemente, nos enseñarán. Los jóvenes empujarán al establishment y yo creo que eso es sano».

-Hay gente que ve en usted una amenaza para las naciones-Estado.

-El cambio hace que todo el mundo se sienta incómodo. A mí también me pasa. El cambio es estupendo cuando le pasa a usted, no a mí, cuando le ocurre al otro. Pero, nos guste o no, estamos en un período de cambio muy rápido. Aquí no estamos hablando de diferentes culturas, estamos hablando de una cuestión que va a determinar la salud económica de los países y de los individuos. Permitirá además que la gente con la educación adecuada participe de una forma en la que antes nunca pudo hacerlo. ¿Qué líder político querría impedir a sus ciudadanos participar? Sería bastante egoísta. Tampoco hay razones para pensar que América va a ser la ganadora. Con Internet, el mundo está abierto, y el dinero va allí donde estén las mejores ideas. El capital va donde está la gente mejor educada, con un Gobierno que la apoye, y con la infraestructura adecuada. Ese lugar no tiene por qué ser América. Los políticos que no permitan a sus ciudadanos participar les causarán un mal indescriptible. Porque todavía no se ha decidido quiénes serán los líderes. El concurso está abierto.


Fuente: ANA ROMERO

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