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La pasada semana, Ben
Spade vivió uno de los momentos más emocionantes de su
vida. Cabecilla de un grupo de apasionados de la
programación residentes en Silicon Valley, este
americano presidía, el 4 de marzo, en las afueras de
San José (California), la reunión mensual de sus
tropas. Sólo esperaba una cincuentena de participantes,
como de costumbre. Pero ese miércoles llegaron cerca de
medio millar. Y todo porque un desconocido finlandés,
llamado Linus Torvalds, era el orador invitado de la
sesión.
Estupefacto ante el
inesperado aforo, Ben Spade balbuceó unas cuantas
palabras de presentación, antes de llamar a su invitado
a subir al estrado. Entonces, los asistentes -una
curiosa mezcla de estudiantes, directivos y antiguos
hippies- prorrumpieron en una sonora ovación. Muy
sereno, el joven Linus (28 años) cogió el micrófono e
improvisó, en un inglés casi perfecto, una conferencia
de casi una hora.
El público estaba
enfervorizado. Torvalds representaba para ellos algo así
como la presencia de Jean-Paul Sartre en
Saint-Germain-des-Prés. Si Sartre había encendido las
pasiones de los jóvenes de París, Torvalds emocionaba
hasta el paroxismo a sus seguidores de Silicon Valley.
Torvalds es una especie
de antiBill Gates. Si el temible usurero supermillonario
pasa por ser el diablo de Internet, el joven finlandés
se ha ganado, desde hace poco tiempo, la fama del arcángel
de la Red.
Y es que, a sus 21 años,
cuanto todavía era estudiante de la Universidad de
Helsinki, Linus comenzó a crear un programa llamado
Linux. Hoy, siete años después, este programa hace
funcionar los ordenadores -entre tres y ocho millones,
según los últimos censos- más exigentes del planeta.
Linux es como el
Windows 95 de Microsoft, es decir, un sistema operativo:
el programa "íntimo" del ordenador, sin el
cual los demás programas no podrían funcionar. Al
igual que no podría existir el canto si no hubiese
cuerdas vocales.
Pero ahí se termina su
paralelismo con Windows. Porque Linux no es un producto
comercial. Está disponible, desde su lanzamiento y, lo
que es mejor, en su versión bruta. Es decir, está
disponible el "código fuente", que es para el
programador lo que la partitura para el músico y, por
lo tanto, mucho mejor que un disco, en el que no se
puede cambiar nada, por muy extraordinario que sea el músico.
Esta transparencia
total ha permitido hacer de la elaboración de Linux una
obra colectiva, en la que participan -via Internet-
varios miles de personas. Sólo por amor al arte y al
trabajo bien hecho. El mismo Torvalds sólo ha escrito
50.000 líneas del código de un total de 1 millón.
La regla es sencilla.
Cualquiera un poco ducho en la materia puede mejorar o
completar Linux, teniendo en cuenta que aporta al bote
común el fruto de su trabajo. A lo largo de todo el
proceso, un grupo informal de expertos se encarga de
acoplar los añadidos considerados dignos de ser
integrados en el conjunto. Una delicada tarea que
consiste en construir una catedral sin arquitecto,
evitando las escisiones entre los obreros (es decir, la
aparición de versiones divergentes del programa). Y el
proyecto Linux demostró que la tarea es posible.
Más aún, esta alianza
de la programación "abierta" y de Internet ha
hecho nacer un nuevo modelo de desarrollo de programación,
a mil leguas del de Microsoft, y con mayores
prestaciones. Según los expertos, en efecto, Windows es
un programa bastante malo ("repleto de toneladas de
fallos", revela Linus), mientras que Linux es unánimente
considerado como un programa elegante y bien concebido.
¿Se habrá encontrado una solución de recambio a la
economía de mercado, al menos en el sector de la
programación? Algunos no dudan en afirmarlo, lo que
confiere al tema un cariz político bastante inesperado.
Un detalle
significativo: la mañana de esa famosa reunión en San
José, el San Francisco Chronicle consagraba una página
doble a la informática. A la izquierda, el relato de la
comparecencia espectacular de Bill Gates, realizada la víspera,
ante una comisión senatorial, que intentaba saber si
Microsoft era o no era un monopolio. A la derecha, un
editorial que venía a decir más o menos lo siguiente:
"Dejen en paz a Bill Gates, porque la auténtica
amenaza es Linus Torvalds". Seguía una pequeña
presentación del finlandés y esta conclusión:
"Vayan a decirles a esos socialistas de la
programación que se lleven a Europa sus concepciones
radicales del desarrollo cooperativo del "free
code". Los americanos exigen su libertad de pagar
por los programas que dominan el mercado lo que es justo
a sus creadores". Así de claro.
Al día siguiente por
la mañana, llamamos a la puerta de una modesta casa de
Sunyvale, en el corazón de Silicon Valley.
Son las diez de la mañana.
Linus Torvalds abre, con la cara todavía untada de jabón
de afeitar. "No soy muy madrugador", se siente
obligado a decir. Gafas de Armani y barriga incipiente,
el joven no se las da de estrella para nada. Ha venido a
instalarse a la región, desde que terminó sus
estudios, hace ahora un año, con su mujer, su bebé y
sus dos gatos. "No es el dinero el que me ha atraído
aquí, sino la mentalidad, propicia a la creación y a
la innovación. Y, además, el clima".
Le ha contratado
Transmeta, una estrella en ascenso del valle. La empresa
trata de concebir una nueva generación de ratones para
los PC multimedia. "He rechazado ofertas mucho
mejores, porque no quería trabajar para empresas que se
lucran con Linux". Ha aceptado, sin embargo, la
oferta de Transmeta, una empresa que utiliza Linux y
que, consciente de la valía de su fichage, le deja que
dedique a su criatura una gran parte de su jornada
laboral. Anécdota: Paul Allen, cofundador de Microsoft
con Bill Gates, ha invertido dinero en Transmeta.
"Sólo tiene una pequeña parte del capital",
precisa Torvalds. Y es que Paul Allen ha abandonado
Microsoft desde hace mucho tiempo.
La conferencia de San
José era la primera aparición pública de Linus en
Silicon Valley. "Quedé sorprendido por la
afluencia, aunque ya he hablado en otras partes ante
asambleas más numerosas todavía".
¿Se considera un
profeta de la programación libre? "Ni muchísimo
menos. Hago esto, porque me encanta. No pretendo que el
`free software' sea un modelo universal para el
desarrollo de la programación. Para proyectos no
demasiado apasionantes, el dinero sigue siendo el mejor
medio de motivar a los programadores".
¿Windows ganaría, si
se convirtiese en un programa libre? "Evidentemente
que sí. Pero dudo que las autoridades americanas
obliguen a Microsoft a dar este paso. Y es una pena,
porque lo importante para el usuario no es tener
permanentemente nuevas versiones, sino una versión que
funcione. Ahora bien, Microsoft no tiene interés alguno
en reparar los fallos de Windows. Su prioridad es vender
cada vez más productos nuevos".
Lo quiera o no,
Torvalds tiende a convertirse en el mascarón de proa de
la lucha anti-Microsoft en Silicon Valley.
Incluso en una especie
de último recurso. Netscape (navegador de Internet) ha
sido engullido, Apple ha tenido que pactar con el diablo
y los NC (network computers), PC simplificados que
pueden prescindir de Windows, tardan en nacer. La
programación libre, el equivalente a una política de
tierra quemada en términos de mercado, aparece, pues,
como el último medio de resistir a la invasión
"gatesiana".
Refiriéndose explícitamente
a la experiencia Linux, Nestcape decidió, a finales de
enero, difundir gratuitamente el código fuente de la próxima
versión de su navegador. De hecho circula ya el rumor
de que Apple podría convertir a Rhapsody, su nuevo
sistema operativo, en un `free software'. Objetivo:
aprovecharse de la inteligencia colectiva de Internet y
demostrar, de nuevo, que los artistas programadores de
la red son mejores que los mercenarios de Redmond, sede
social de Microsoft en el Estado de Washington. El
Silicon Valley, país en el que se pueden amasar
fortunas, simplemente escribiendo unas cuantas lineas de
un código de programación, no está precisamente a
punto de convertirse al "socalismo de la programación".
Pero se huele en el
aire cierta resistencia. Nace una especie de nuevo
maquis.
Contracción de Linus y
de UNIX, sistema operativo al que se asemeja el Linux.
Los efectos especiales
de la película Titanic han sido realizado con
ordenadores que utilizan Linux.
Programas libres a
disposición de todos, Bernard Lang, Le Monde
diplomatique, enero de 1998.
Empresa `high-tech',
financiada con capital-riesgo
Linux reconstruye el
Titanic
Digital
Domain, una empresa estadounidense especializada en
postproducción cinematográfica, utilizó ordenadores
equipados con Linux, el popular sistema operativo de
libre distribución, para la elaboración de los efectos
visuales de la película Titanic. Así lo explica, en la
revista Linux
Journal, uno de los ingenieros encargados de la
puesta en marcha del sistema informático que reconstruyó
el viejo barco sobre los fotogramas de la película.
160
ordenadores equipados con microprocesadores Alpha a
433MHz fueron utilizados para recrear las figuras y
objetos que componen el barco de la última
superproducción de James Cameron. De ellos, 105
ejecutaban Linux, un sistema operativo basado en UNIX,
en cuya elaboración han intervenido desinteresadamente
programadores de todo el mundo.
Según
Daryll Strauss, uno de los ingenieros de Digital Domain,
la elección de Linux obedeció a criterios de coste y
flexibilidad. La simulación digital del movimiento del
agua requería alta capacidad de proceso y un elevado número
de máquinas trabajando en paralelo. El coste de un
sistema operativo para tantos ordenadores hizo que la
empresa se planteara el uso de uno gratuito. La
flexibilidad de Linux para trabajar con otros sistemas
animó a la empresa a decidirse por él.
Sin
embargo, la puesta en marcha de los equipos no estuvo
exenta de problemas. Uno de los que se encontró el
equipo de Digital Domain fue la aparición de un bug
(error informático) que afectaba a determinados cálculos
matemáticos en las plataformas Alpha y Linux. Strauss
cree que dicho problema no fue detectado anteriormente
porque la base instalada de Linux sobre Alpha es mucho
menor que la de otros microprocesadores, como los de
Intel Corporation.
No
tardaron mucho en solventarlo y el ingeniero aseguró
que la solución será puesta a disposición de la
comunidad de usuarios de Linux, siguiendo el espíritu
de evolución de este sistema operativo.
Aparte
de este contratiempo, el rendimiento de las máquinas
Linux fue más que aceptable: los equipos estuvieron
trabajando "desde Junio a Agosto, 24 horas al día,
7 días a la semana" y, actualmente, Digital Domain
estudia la posibilidad de adaptar a Linux parte de las
herramientas que utilizan habitualmente en otros
sistemas operativos.
Para
Wook, el director del departamento de Ingeniería
Digital de la empresa, la elección de Linux no fue fácil.
A fin de cuentas, se trataba de apostar por un sistema
no comercial y poner sobre él parte del peso de una
postproducción millonaria. Sin embargo, admitió que
"la satisfacción por el éxito conseguido hace
olvidar el estrés de arriesgar tu trabajo y tu carrera
".
Efectos
digitales
Digital Domain es una empresa especializada en
efectos especiales por ordenador aplicados al cine y la
televisión. Entre sus trabajos se encuentran películas
como Apolo 13, Entrevista con un vampiro o Mentiras
arriesgadas y sus fundadores son conocidos en el sector
por su participación en la postproducción de Parque
Jurásico, Terminator 2: el juicio final o ¿Quién mato
a Roger Rabbit?.
Linux
no es más que el núcleo del sistema operativo
(normalmente llamado Kernel) que se encarga de acceder
al Hardware, de manejar ficheros, de ejecutarlos de
forma concurrente, de proveer de las herramientas
necesarias para que las aplicaciones puedan acceder a
sus servicios, de iniciar y asignar memoria a procesos y
programas, de enviar y recibir paquetes de la red, etc.
De
todas formas el núcleo no lo es todo, y una distribución
sin aplicaciones no es nada. De este modo, una
distribución de Linux no es mas que la unión de un
kernel con una gran cantidad de aplicaciones.
Tanto
el núcleo como las aplicaciones se pueden descargar
perfectamente de un gran número de sites en Internet.
Cuando se trata de la primera instalación de Linux en
nuestro sistema, lo más normal es acudir a
distribuciones en CD. Las distribuciones no son mas que
colecciones de programas y ficheros, preparados y
organizados para su instalación. Estas se pueden
descargar a través de Internet, o realizar la compra
del software en CD en los sites respectivos. Otra opción
es obtenerlo en las múltiples revistas que existen en
el mercado sobre Linux.
Lo mas recomendable para una primera instalación es
obtener el sistema operativo en CD, y para posteriores
actualizaciones hacer uso de Internet, es una mina
inagotable de recursos.
Fuente:
Suplemento Ariadna (El Mundo.es)
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