| Miedo
y temblor en Silicon Valley
"Si el
Departamento de Justicia quería buscar sanciones
severas para Microsoft, iba a necesitar el apoyo de
los líderes de Silicon Valley. No apoyo para el
fiscal, sino para los remedios serios (las medidas
legales a aplicar contra Microsoft para evitar que
siga afectando negativamente a la competencia, N.
del T.) . Y no un apoyo sutil, clandestino, de
puertas adentro, sino claro, directo y público.
Apoyo del tipo que da forma a la cobertura de los
medios de comunicación y a la opinión editorial;
del tipo que llega al hombre de la calle; del tipo
que convence, y mueve votos, en el Congreso. Klein
(el fiscal) sabía que la fase de buscar remedios
iba a ser intensamente política. Necesitaba que se
oyera al Valle.
Lo que consiguió
fue un silencio atronador.Nadie quería aparecer
como la voz de los perjudicados por Gates a la hora
de pedir sanciones concretas. Klein tuvo que
maniobrar como loco para conseguir reunirse con los
líderes afectados, y lo intentó todo para
convencerles de que respaldasen alguna solución
concreta. Gente como Scott McNealy de Sun, Eric
Schmidt de Novell, Jim Barksdale ex Netscape, Ray
Lane de Oracle, scott Cook y Bill Campbell de Intuit
llegaron a reunirse para acordar alguna medida, pero
no se llegó a nada.
La acusación esperó
entonces a que todos estos millonarios mudos
tuvieran pruebas de que el Departamento de Justicia
iba en serio, de que podía ganar. "Si Jackson
nos dá la razón claramente", decía un
abogado del fiscal en Febrero, "todos esos
tipos que ahora tienen miedo de hablar harán cola
para testificar en la fase de propuesta de
remedios".
Pero el informe de
Jackson llegó, y les dio la razón... y de Silicon
Valley siguió sin salir una sola voz de altura que
apoyara la causa del Departamento de Justicia a la
hora de proponer remedios concretos.
Necesita ayuda
La razón de que
Klein necesite este apoyo es muy sencilla: si el
juez falla contra Microsoft, y especialmente si lo
declara monopolio, la defensa de Microsoft es la que
está inundando los medios de comunicación: vale,
son un monopolio, pero un monopolio de algo
superado, dueño de una tecnología arcaica que, en
la edad de Internet, no puede esperar seguir
dominando el mercado.
Lo que quiere el
Departamento de Justicia es alguien de peso que
argumente que las fuerzas del mercado y las nuevas
tecnologías no son suficientes para contener el
poder de Microsoft. No han pedido que se apoye un
posible remedio u otro (estructural, de conducta, o
mixto) sino que se pidan "remedios
serios". Que alguien serio dentro de la
industria diga claramente que para contener a
Microsoft no basta con unpar de azotes judiciales.
Lo que quiere es que pidan algún remedio, lo que
sea. Porque si Microsoft puede definir el marco del
debate, Klein sabe que tiene la batalla política
perdida.
Los remedios
propuestos ya han sido descritos aquí. Los
estructurales consisten en distintas variedades de
división de la empresa y su propiedad intelectual,
de las cuales parece estar imponiéndose una que se
llama "picar la empresa", separándola en
tres compañías de sistemas operativos y dos con
los activos de Internet y resto de software.
Lo que busca Klein
es alguien de peso que no sea Larry Ellison ni Scott
McNealy (el uno por bocazas y el otro también),
alguien que hiciera de cara visible de la industria
a la que Microsoft depreda. Barksdale, Campbell y
pocos más están en la categoría necesaria. Pero
el problema es que se niegan. Todos se niegan.
Campbell empezó
por dejar claro que creía que Microsoft conseguiría
librarse de la acusación y dar un baño a sus
abogados, y se negó a participar. Ahora que ha
visto que las cosas van en serio, parece que se
siente obligado a declarar y lo hará por alguna
variedad de reforma estructural porque está
convencido de que una restricción a la conducta de
Microsoft sería válida el tiempo que tardaran en
encontrarle las vueltas.
Nadie está
dispuesto a ponerse en frente de Gates en el papel
que pide Joel Klein. Nadie. Ted Waitt, el presidente
de Gateway, es "joven, guay, coletudo,
iconoclasta y asquerosamente rico. Las relaciones de
su empresa con Microsoft son difíciles si no
hostiles. Como le dijo a uno de los intermediarios
de Klein, "Gates ya me odia". Pero ¿testificará?
No. ¿El informe de Jackson ha afectado a su decisión?
Aparentemente no. Waitt sigue tan callado como una
mosca -una mosca joven, guay y coletuda - cuando se
trata de proponer remedios."
O el propio Eckhard
Pfeiffer, ex CEO de Compaq, "un hombre que sabe
donde están enterradas las víctimas de Microsoft
al menos tan bien como cualquier otro de su
industria. Pfeiffer ya no lleva Compaq; ya no
depende de Microsoft para ganarse la vida. ¿Habla?
Ni de broma."
El mismísimo Lou
Gerstner, CEO de IBM, le dijo a Scott MacNealy al
comienzo del juicio: "Vé tú a cargar contra
esos molinos, hijo. Yo me quedo a mirar."
Los que controlan
el flujo del capital-riesgo en California, los que
"han pasado horas quejándose a Klein en
privado del peligro que la rapadidad de Microsoft
representa para el clima de inversión de Silicon
Valley. Si la amenaza es real, ha llegado el momento
de explicarlo. ¿Cuántos inversores han sacado la
cabeza y levantado la voz? Ni uno."
"Tedd Waitt
necesita acceso a Windows 2000 tan pronto como sus
competidores lo tengan; no puede decir nada que
ponga eso en peligro. Eric Schmidt necesita acceso a
las APIs de Microsoft para que el software de Novell
funcione con Windows, y no va a jugar con eso. Sin
Microsoft Office, Apple está muerta. ¿Va Jobs a
arriesgarse a perder Office? Vamos ya..."
Jobs y el juicio
Como dice Wired, el
caso de Jobs es muy representativo. "Nadie en
el mundo de la alta tecnología entiende mejor que
Jobs lo que es tener la supervivencia de tu empresa
a la merced de los caprichos de Bill Gates. Es
incuestionable que, sin Microsoft Office, todas las
campañas publicitarias serían inútiles; sin
Office, el Mac estaría muerto. Cuando se firmó el
famoso (o infame, según las simpatías de cada uno)
pacto entre Apple y Microsoft en Agosto de 1.997, a
Jobs se le dijo que podía quitar Netscape y poner
Explorer como navegador por defecto del Mac, o
afrontar la pérdida de Office. Jobs se rindió. No
tenía elección".
En 1.998 la
amargura de Jobs ya era rabia. Antes de decidir
presentar el caso, un abogado del gobierno fue a
verle a Cupertino para pedirle ayuda para preparar
la acusación... y se encontró con una explosión
de las que Jobs solía tener hace años cuando algo
le molestaba de verdad. Según Wired, gritó al
pobre abogado que "¡El gobierno es una mierda!
¡El gobierno es una mierda! No habéis hecho nada,
no os habéis enterado, habéis sido demasiado
lentos, nunca cambiaréis nada". Veinte minutos
de filípica que incluyeron todo tipo de argumentos
sobre cómo Microsoft estaba acabando con la
innovación y envenenando la industria. Y que
acabaron (Atención, por favor) con Jobs comprometiéndose
a apoyar cualquer intento serio de detener a
Microsoft con un cheque de su bolsillo por 10
millones de dólares - 1.600 millones de pesetas -
para un fondo legal de apoyo.
Ahora que el juicio
ha tenido lugar y casi está ganado (aunque cabe
recurso) hay que ponerse a definir el remedio que se
pide. Y "Joel Klein llega a Silicon Valley en
busca del apoyo de Jobs. Lo necesita. Nada nuevo, lo
que buscado siempre: durante el jucio tanto el
Departamento de Justicia como el senador Orrin Hatch
le suplicaron que testificara. Jobs permitió que un
ejecutivo de máximo nivel de Apple, Avie Tevanian,
lo hiciera. Pero en cuanto a testificar él mismo,
Jobs se arrugó."
"Klein debe
haber esperado que el panorama legal llevara a Jobs
a un cambio de opinión. Debe haber esperado que en
este momento central de este juicio antimonopolio
histórico, uno de los auténticos líderes y
visionarios de la industria estaría dispuesto a
salir al centro del escenario y decir cuatro
verdades. ¿Y cómo respondió Jobs?". Diciendo
que sí, pero. Pero que sólo si Andrew Grove, el
presidente del consejo de administración de Intel,
"sale" con él.
Y si bien Grove
sabe de Gates y sus malas obras, en carne ajena y en
carne propia, más que nadie, y tiene de verdad el
peso como para plantarse frente a Microsoft, el
hecho es que no hablan del monopolio
"Wintel" por nada. Que Grove declare no es
una posibilidad creíble. Jobs se ha escurrido de
momento, prometiendo nada más que hablará con
periodistas sobre la necesidad de los "cambios
estructurales", aunque sin dejarse citar.
En los últimos días
se ha especulado con que Jobs abandone la
retaguardia y ponga su carisma encima de la mesa, lo
que podría cambiar el tono del debate no sólo por
lo que Jobs pueda decir y cómo lo haga, sino por el
ejemplo que podría dar a la industria.
Ley del silencio
De momento, sin
embargo, "el silencio de Steve Jobs lo dice
todo, no sólo sobre él sino sobre el estado de la
industria tecnológica hoy. Como ya sabemos, estamos
en medio de la 'mayor creación legal de riqueza en
la historia del planeta' y Silicon Valley es el
epicentro. El dinero ha creado un Valle repleto de
firmas llevadas por gente de agudo intelecto, fiera
competitividad, inmensa ambición empresarial, y
audacia financiera. '¿Cuánto dinero hay que tener
para ser capaz de decir la verdad?', se pregunta
Bill Joy, legendario guru del software, científico
jefe de Sun y crítico deslenguado de Microsoft.
'Parece que cuanto más dinero tienes, menos coraje
te queda, lo que es extraño, y triste".
"Y sin
embargo, tal el el clima de miedo e intimidación
que rodea las cosas de Microsoft que hasta una
figura tan impolítica como Jobs se siente obligado
a callar, como casi todo el mundo en la primera liga
de la industria, desde Andy Grove a Lou Gerstner, de
John Doerr a John Chambers, de Steve Case a John
Bezos. Cada silencio tiene sus motivos. Pero
colectivamente, el silencio de toda una industria
manda un mensaje claro y alto. De hecho, a su modo,
puede que éste sea el testimonio más elocuente que
nunca ofrezcan los líderes de la industria". |