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Esta compañía
- cuya sede está en Dulles, Virginia - y su
presidente, Steve Case, han sido
constantemente despreciados por Wall Street
y los aficionados de la informática. En más
de una ocasión han escrito el epitafio de
America Online (AOL), aunque al final
siempre les falte un cadáver.
Dijeron que
la empresa sería destruida por el
crecimiento de Internet a medida que sus
proveedores de contenido sacaran sus propias
páginas en la Web. Aseguraron que AOL nunca
podría resistir el ingreso a Internet de
rivales tan poderosos como AT&T y
Microsoft. Predijeron que los clientes
abandonarían el software sencillo de AOL y
buscarían navegadores, programas de e-mail
y software de acceso a Internet más
poderosos que el de AOL. Vaticinaron que las
interrupciones del servicio y las líneas
telefónicas constantemente ocupadas,
causadas por el crecimiento de AOL,
estimularían un éxodo hacia otras compañías
y servicios.
Pero los
pesimistas siempre se equivocaron. America
Online ha visto cómo su número de
suscriptores ha pasado de 250.000 a los 13
millones, una cifra que supera por un enorme
margen a cualquier competidor. La compañía
se enfrenta nuevamente a las críticas,
mientras lleva a cabo la difícil transición
para facturar por publicidad y transacciones
en línea, y no exclusivamente por suscripción
y tiempo de conexión. Al mismo tiempo,
también tiene que estar lista para librar
batalla en la que la Web se expande más allá
de su utilización por computadoras
personales.
El reto es
aún más difícil por las distracciones con
las que AOL tiene que lidiar. La más dañina
de todas ellas radica en una tarifa única
que instauró a finales de 1996 para calmar
a los enojados suscriptores y fiscales de
los distintos estados de EE.UU. La compañía
también se vio obligada a fortalecer la
capacidad de su sistema - justo el tipo de
gasto que pretendía evitar. Además, los métodos
contables que utilizaba en aquel entonces no
eran del agrado de Wall Street y de la
Comisión de Bolsa y Valores.
AOL ha
luchado contra sus dificultades bajo la
atenta mirada de los medios de comunicación
- una atención que otros servicios en línea
no recibieron, incluso cuando sus rivales
también tuvieron sus propias dificultades.
Poco a poco, la compañía se convirtió en
el medio a través del cuál la gente común
en Estados Unidos (y un creciente número de
personas en otras partes del mundo) se
conectan a Internet. Cada uno de sus
movimientos es motivo de una minuciosa
inspección.
Steve Case
se interesó en el mundo de Internet a
comienzos de los 80. En aquel entonces, su
trabajo era un tanto aburrido: crear e idear
nuevas pizzas para Pizza Hut. Para matar
interminables horas en las habitaciones de
hoteles, Case se compró una computadora
Kaypro y se conectó a Source, uno de los
primeros servicios en línea que existieron.
En 1983, explotó ese interés en un trabajo
que consiguió en Control Video Corporation,
una compañía que enviaba juegos electrónicos
a través de líneas telefónicas. Cuando
quedó claro que ese negocio no levantaría
vuelo, Control Video se convirtió en
Quantum Computer Services, una compañía de
servicios en línea.
En 1991
Case ya era el principal ejecutivo de
Quantum y cambió el nombre de la compañía
por America Online. La empresa salió a
bolsa al año siguiente y un año después
se lanzó a la conquista del mercado en línea.
Nadie pensó
que tendría éxito. CompuServe y Prodigy
llevaban una considerable delantera a AOL:
los personajes más importantes del mundo de
la alta tecnología menospreciaban el
software de AOL y también a su clientela,
por estar técnicamente poco preparada. Según
los más críticos, las compañías que
ofrecieran todos los servicios incluidos
estaban perdidas; el futuro, decían, estaba
en la mezcla y compatibilidad de los
sistemas para obtener un mejor acceso en línea.
Pero se
volvieron a equivocar: para sorpresa de los
expertos en informática, los usuarios de
Internet encontraron mucho más conveniente
sacar todo lo que necesitaban de una sola
fuente como AOL. El software de la empresa
era fácil de usar, una razón más que
suficiente para sucumbir a sus encantos.
No
obstante, la frenética expansión de AOL
enfrentó muchos obstáculos. En 1994, la
compañía había duplicado su número de
suscriptores a 600.000, pero este
crecimiento abrumó la capacidad de su red y
dejó a varios clientes a la merced de
grandes inconvenientes. Los usuarios se
quejaban de que AOL se demoraba mucho en
sacar nuevos servicios y funciones, tales
como un soporte para conexiones más rápidas
y el acceso a contenidos de Internet. La
compañía mantuvo una ardua lucha, con muy
poco éxito, para reducir el número de
usuarios que descontinuaban el servicio tras
el periodo de prueba.
En 1995
America Online ya era el servicio en línea
más grande de Estados Unidos con cerca de
tres millones de usuarios. Ese mismo año se
disparó la utilización la Web y,
paralelamente a este fenómeno, se
escucharon las últimas predicciones acerca
de la muerte inminente de la compañía.
AOL volvió
a hacer picadillo cualquier pronóstico
sombrío. Ofreció acceso a la Web y en una
misma semana cerró acuerdos con Netscape y
Microsoft para utilizar sus navegadores: hoy
en día es la principal puerta de acceso a
Internet en Estados Unidos y otras partes
del mundo. Las predicciones de que el
ingreso de Microsoft y AT&T al mundo de
Internet arruinaría a Case también
demostraron ser infundadas puesto que las
dos compañías se dieron cuenta de que su
dinero no sustituiría la experiencia de
AOL.
La tarifa
única sería un poco más difícil de poner
en marcha. AT&T la introdujo con la
expansión de su servicio WorldNet en 1996 y
durante todo ese año los otros servicios en
línea adoptaron la misma estrategia. AOL
sabía que tendría que tomar la misma
decisión, pero aquel no era el momento más
adecuado.
Case quería
que Wall Street viera a AOL como si se
tratara de una compañía de televisión por
cable. Con la llegada de la tarifa única
disminuiría el dinero que la firma recibía
del cobro por hora de conexión. Pero Case
no tenía inconveniente en ello: estaba
dispuesto a que se redujera la facturación
del cobro del servicio a cambio de recibir más
dinero por publicidad y transacciones en línea.
También pretendía que la compañía
aminorara su papel de líder de acceso a la
red y dejar a otros asumir el control, tales
como las compañías de telefonía local.
Esa era la estrategia que Microsoft había
buscado con el lanzamiento de su servicio en
línea. AOL esperaba copiarla y a comienzos
de 1997 pensó en comprar la alicaída
CompuServe -al final, Case se quedaría con
los suscriptores de CompuServe, pero no de
la manera en la que se había imaginado-.
En octubre
de 1996 AOL tomó la inevitable decisión y
anunció que comenzaría a ofrecer una
tarifa única. Al mismo tiempo, la compañía
asumió un cargo contable de US$385 millones
para eliminar su controvertido método
contable tan poco apreciado en Wall Street.
La tarifa
única resultó tal fracaso que la compañía
fue noticia durante semanas en las primeras
planas de los periódicos. La medida provocó
un crecimiento considerable de las
suscripciones y el uso de Internet, pero eso
no fue tan bueno como cabría esperar: la
infraestructura de AOL era insuficiente, por
lo que se volvió común que las líneas
telefónicas de acceso estuvieran
constantemente ocupadas.
La compañía
mejoró el rendimiento de su sistema e hizo
las paces con los furiosos suscriptores y
las fiscalías de Estados Unidos que lo
demandaban por inclumplimiento de contrato.
Pero la crisis obligó a AOL a gastar
millones de dólares para añadir mayor
capacidad al sistema. Tuvo que destinar sus
esfuerzos en revertir los daños en lugar de
concentrarse en la difícil tarea de
modificar su modelo comercial.
Algunos
expertos creyeron que AOL no iba a ser capaz
de capear la transición. Pero Case les
demostró que de nuevo estaban equivocados:
comenzó con la venta de publicidad dentro
del servicio y cerró acuerdos con compañías
como Tel-Save, Amazon.com, CUC
International, Intuit y 1-800-FLOWERS. Fue
lento, los informes de los analistas pasaron
de escépticos a favorables.
AOL continúa
expandiendo sus operaciones, y sus
ambiciones. A finales de 1997, la compañía
compró a CompuServe, su mayor rival de
servicios en línea, mediante un acuerdo
tripartita en el que también participaba
WorldCom. En noviembre de 1998, AOL compró
Netscape Communication por US$4.000
millones, con la cual obtuvo un importante
portal de acceso a Internet, además de un
navegador de la Web muy popular.
La compra
de CompuServe reforzó el dominio de AOL en
el mercado de los consumidores en línea; la
de Netscape le dio fuerza para futuras
luchas.
AOL no duda
en luchar por conservar el dominio de la
Web, donde Microsoft (con su modernizado
MSN) continúa agregando contenido y nuevos
portales. Además de las computadoras
personales, se vislumbra otra batalla en la
expansión de la Web, donde las compañías
de televisión por cable y de productos
electrónicos buscan incorporar navegadores
en una gran cantidad de nuevos dispositivos.
Con
Netscape, America Online parece estar bien
parada para luchar en ambos frentes. Después
de todos estos años, Steve Case puede
preguntarse qué lúgubres predicciones le
depararán los sesudos cerebros de la
industria.
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