|
El lema
utilizado para promover la Macintosh, el
producto más famoso de Apple Computer Inc.,
era "insanely great" (locamente
grandiosa). Con algunas pequeñas reservas,
este apodo podría también definir a la
mismísima compañía de Cuppertino,
Califonia.
Apple ha
logrado algunas proezas. Se trata de la
compañía que sacó la interfaz gráfica de
su rerstringido ámbito de laboratorio y la
hizo funcionar en el mundo real, lo cual
relegó la computación de línea por línea
a la prehistoria de las computadoras
personales. Así, Apple comenzó una
tendencia que atrajo a un sinnúmero de
revolucionarios a Silicon Valley. Estos
vanguardistas con grandes sueños comenzaron
sus empresas en los garages de sus casas.
Poco a poco, se fusionaron con esta nueva
realidad que se estaba conformando al oeste
de Estados Unidos. Apple es, por encima de
todas, la compañía que mostró al mundo
que la computación no era solamente un
instrumento reservado para la sofisticada
gente de negocios, sino también "para
el resto de nosotros".
Desde su
fundación, en 1976, Apple siempre ha
contado con una importante dosis de locura.
Gastó mucho dinero en proyectos que no
terminaron todo lo bien que se preveía, o
simplemente que no arribaron a ninguna
parte. Su constante reestructuración
demostró ser un paupérrimo sustituto de la
disciplina básica. El perfeccionismo y los
diseños utópicos de Apple ayudaron a
conseguir un ejército de clientes
intachablemente leales, pero incluso esos
fieles terminaron por cuestionar la forma en
la que la compañía formalizaba sus
negocios.
Si a
finales de los años 80 Apple hubiera
ofrecido la licencia del software de la Mac
a otras fabricantes de computadoras, sin
duda hubiera reducido los generosos margenes
brutos generados por las ventas de las Mac,
pero también hubiera creado un enorme
mercado para clones más baratos de Mac. De
esta forma, la compañía habría
incrementado considerablemente su cuota de
mercado y la Mac - considerada por mucha
gente como una computadora superior - habría
tenido mejores posibilidades para
enfrentarse con la PC en el enorme mercado
que se estaba creando.
Pero por
alguna razón, ya fuera arrogancia,
perfeccionismo, timidez dificultades técnicas,
Apple nunca permitió que eso sucediera. En
su lugar, decenas de fabricantes de clones
de computadoras personales construyeron máquinas
de bajo precio que entregaron las llaves del
negocio de la computación a Microsoft.
Mientras tanto, Apple, continuaba hablando
de cómo estaba construyendo una computadora
"para el resto de nosostros", y
eso a pesar de que su computadora era
relativamente más cara que las demás
opciones a las que tenía acceso la gente
común.
Antes de
que Apple se convirtiera en la más
sangrienta y fascinante novela de Silicon
Valley, escribió los capítulos básicos de
cualquier start-up (cómo comienza una compañía).
En 1976, Steven Wozniak, de 26 años, diseñó
la Apple I. Esta computadora se consideraba
como un mero hobby para la mayoría de sus
usuarios, pero Steve Jobs, que apenas tenía
21 años, convenció a Wozniak de que se podía
comercializar. Después de que las compañía
para las que trabajaban - Hewlett-Packard y
Atari, respetivamente - rechazaron la idea
de construir la computadora, Wozniak y Jobs
obtuvieron financiamiento por parte de A.C.
"Mike" Markkula, un ingeniero que
había hecho una fortuna con la salida a
bolsa de Intel.
Su
siguiente máquina, la Apple II, apareció
al año siguiente y se convirtió en un gran
éxito. Las ventas de la computadora
alcanzaron el millón de dólares al año y
Apple salió a bolsa en 1980, con una
cotización de US$22 por acción.
Wozniak no
llegó más lejos. Dejó la compañía por
un tiempo en 1980, perdió una fortuna
promocionando conciertos de rock, luego
regresó por un período no muy feliz como
simple ingeniero sin participación
accionaria en la empresa y terminó por
retirarse definitivamente en 1985.
Mientras
tanto, Jobs guió a la compañía de forma
inflexible y puso en marcha una serie de
proyectos que habían llamado su atención.
Apple sacó al mercado en 1983 una poderosa
computadora, Lisa, que se vendía por la
"ínfima" suma de US$10,000. La
compañía se había adelantado a su tiempo
y, por ello, teminó siendo un fiasco. Jobs,
que mantuvo siempre la calma, se lanzó de
lleno en un proyecto que apuntaba
exactamente hacia la dirección contraria:
crear una computadora que costara menos de
US$1,000 y que todo el mundo pudiera tener
en su casa u oficina.
La compañía
no estaba muy convencida con la idea de la
Macintosh, pero eso no mermó la combativa
determinación de Jobs: la Mac se desarrolló
en las instalaciones de Apple. Finalmente,
durante la transmisión televisiva de la
final del campeonato de fútbol americano
(Super Bowl) de 1984, para lanzar la Mac
Apple difundió una publicidad que se
convertiría en una de las campañas más
famosas en la historia de Estados Unidos: un
grupo de monótonos trabajadores está
sentado bajo una gigantesca pantalla de
televisión, controlados por la amenazante
vigilancia de un personaje con figura
paternal. De repente llega corriendo una
mujer y lanza un enorme martillo a la
pantalla. La publicidad hacía referencia a
la famosa novela "1984"de George
Orwell y, con ella, Apple prometiá que la
Mac le mostraría a la gente por qué aquel
1984 no sería igual a "1984".
La
publicidad se mostró sólo una vez y aún
hoy es considerada como e el momento clave
para Apple Computer. Pero un año más tarde
las ventas de la Mac se desplomaron y Jobs
fue expulsado de Apple por Markkula y el
presidente ejecutivo John Sculley, a quien
Jobs había contratado de Pepsi.
La Mac costó
mucho más de lo que Jobs había anticipado.
También le faltaba poder, no contaba con
suficiente memoria, y carecía de un disco
duro. La compañía se ocupó de estas
imperfecciones y el lanzamiento en 1985 de
la impresora LaserWriter produjo un gran
repunte en las ventas de software para
publicaciones de escritorio. Tales programas
terminarían siendo las aplicaciones claves
de la Mac y dieron a la computadora una
excelente reputación entre los artistas,
diseñadores y educadores. Incluso hoy el
producto sigue ostentando ese
reconomicimiento.
En 1985, la
participación de Apple en el mercado de las
computadoras personales en Estados Unidos
era de un 15%. Pero ese sería el porcentaje
más grande que jamás alcanzaría. ¿Por qué?
Principalmente porque la compañía, en un
esfuerzo por evitar que sus sólidos márgenes
de operación entraran en una guerra de
precios, se negó a ofrecer la licencia del
software de la Mac. Ya era muy tarde cuando
se dio cuenta de lo que provocó. Su sueño
de imponer a la Mac como la computadora estándar
que destronara a las PC, sólo podría ser
alcanzado si Apple corría algunos riesgos.
Y la compañía demostró no estar dispuesta
a incurrir en ellos.
Apple volvió
a replantear su estrategia y posición a
comienzos de esta década, cuando se alió
con, nada menos que, International Business
Machines. Cuando IBM creó la PC vio cómo
Microsoft y una enorme cantidad de
fabricantes de clones le robaron su
herencia; IBM, Motorola y Apple unieron
fuerzas en 1991 para crear el chip PowerPC
que reemplazaría al viejo microprocesador
de la Mac.
Apple
entendió que IBM fabricaría clones de la
Mac y se mostraba entusiasmada con la idea;
con la penetración que IBM tenía en el
mercado, Apple podría alcanzar su sueño y
convertirse en un estándar entre las
computadoras personales. Incluso mantuvo
conversaciones con el gigante informático
acerca de una posible fusión - una idea que
la compañía ya había barajado con varías
compañías con las que trabajaba desde
mediados de los 80.
Pero IBM no
compró Apple. Y con un Louis Gerstner que
guiaba al gigante hacia el mercado de las
macrocomputadoras, tampoco fabricó clones
de las Mac.
La Power
Mac apareció durante la dirección de
Michael Spindler. Sculley había sido
expulsado en 1993 tras el fracaso de su
proyecto: la computadora portátil Newton
-un producto que, al igual que la Lisa,
hubiera tenido éxito cinco años más
tarde. Spindler comenzó de la misma manera
que su antecesor: recortó puestos de
trabajo e intentó apaciguar el caos que
siempre pareció acompañar la creatividad
de la compañía. Pero 1995 terminaría
siendo un año desastroso tanto para él
como para la empresa. Primero, Apple tuvo
que hacer frente a una enorme acumulación
de pedidos causada por una escasez de
insumos. Luego, en la temporada navideña -
caracterizada por el crecimiento de las
ventas -, la compañía tenía en su
inventario demasiadas Mac de bajo precio,
justamente lo que los clientes no querían
comprar.
La situación
empeoraría el siguiente año. En febrero,
Spindler fue reemplazado por Gilbert Amelio,
quien había realizado una importante
reforma en el fabricante de chips National
Semiconductor. Apple incurrió en enormes
gastos para llevar a cabo el programa de
reducción de costos y empleados ordenado
por Amelio. Pero a pesar de que la compañía
se las ingenió para lograr ganancias en el
último trimeste de 1996, las ventas
continuaban cayendo, y las conversaciones -
que no se pudieron concretar - sobre una
posible fusión con Sun Microsystem
terminaron en una nueva distracción.
La
reestructuración del sistema operativo de
la Mac era una de las tareas más
importantes para Apple. En diciembre de
1996, la compañía compró NeXT Software -
la empresa que fundó Steve Jobs durante su
período de alejamiento de Apple - por
US$425 millones.
Jobs regresó
a Apple como un asesor, proclamando en voz
alta que sus prioridades continuaban siendo
NeXT y Pixar, su compañía de animación
por computadora. Pero muy pronto se empezarían
a ver sus huellas en toda la compañía:
nombró para los puestos ejecutivos de Apple
a los expertos de NeXT, muchas veces a costa
de la gente de National Semiconductor que
Amelio había traído.
En julio,
Amelio pasó a formar parte de la lista de
los expulsados. Jobs, si bien técnicamente
era sólo un asesor, se encontraba
claramente al mando. En el Mac World Show de
agosto, la compañía anunció una
importante reorganización de su directorio,
en la que destronaría a Markkula. Para
coronar el momento, Jobs dio a conocer a una
desconcertada audiencia que Microsoft
invertiría US$150 millones en Apple y que
se comprometía a fabricar software para la
Mac por dos años. Mientras la multitud
abucheaba, Bill Gates apareció en una
pantalla gigante arriba de Jobs para
consagrar los acontecimientos - una escena
que se asemejó a una nueva representación
de la publicidad "1984" de Apple.
A pesar del
descontento, el acuerdo aseguraba a los
fabricantes de software para Mac que la
computadora continuaría ostentando algo de
poder, y otorgaba a Apple algo de tiempo
para poner la casa en orden.
Hasta el
momento Jobs ha hecho exactamente eso. Apple
ha sacado nuevas campañas de publicidad,
lanzado un programa de venta directa para
sus máquinas, buscado reforzar su posición
entre académicos o artistas y se ha
apresurado en cerrar el negocio de clones de
Mac y la división Newton. La iMac, una
potente computadora con un un diseño
interesante, ha sido bien acogida en el
mercado y dado mucho que hablar. En octubre,
después de un trimestre muy sólido, Apple
registró su primer año rentable desde
1995.
Los
analistas todavía no están completamente
satisfechos: la facturación continúa
cayendo - aunque a un ritmo menor - e
incluso las buenas noticias no pueden
esconder el hecho de que Apple ha menguado
al pasar de ser de una compañía con ventas
de US$11.000 millones al año en 1995 a
US$6.000 millones en 1998. Pero en Cupertino
las cosas se ven con mayor claridad ahora
que hace un par de años.
Jobs,
mientras tanto, ha tomado la posición de
presidente ejecutivo interino. La comisión
directiva de Apple ha abandonado la
infructuosa búsqueda de un nuevo dirigente
y lo ha autorizóado a permanecer todo el
tiempo que quiera. El sólido rendimiento de
la compañía hace pensar a los partidarios
de la compañía que Jobs se mantendrá al
frente por un largo período.
|