|
En 1984, AT&T Corp.,
el viejo monopolio telefónico de EE.UU.,
fue dividido en empresas regionales por
decisión de un tribunal federal, que de
este modo zanjó una demanda diez años
antes por el Departamento de Justicia.
Aunque en realidad, el enfrentamiento entre
AT&T y el gobierno se remontaba a
comienzos del siglo, desde que la empresa
consolidó su monopolio de servicios de
telecomunicaciones a lo largo y ancho del país.
Como es sabido, AT&T
surgió de la invención del teléfono por
Alexander Graham Bell. Pero la historia de
la industria sería muy distinta si, en
1876, Bell se hubiera demorado unas pocas
horas para tramitar su patente. En tal caso
Elisha Gray, de Western Union, sería
conocido hoy como el padre de las
telecomunicaciones.
En todo caso, el verdadero
arquitecto del éxito de AT&T no fue
Bell, sino Theodore Newton Vail, que
construyó el Sistema Bell -- así se
llamaba el monopolio en sus días de gloria
-- y convirtió una estrategia comercial en
una duradera mentalidad empresarial. En el
decenio de 1880, Vail absorbió cientos de
centrales telefónicas locales para crear el
Sistema Bell y derrotó a Western Union al
ganar una demanda por violar su patente
telefónica. Además, el directivo trabajó
incansablemente para estandarizar y mejorar
la tecnología telefónica, eliminó el
laberinto de equipos y sistemas distintos
que las centrales locales habían utilizado
y mejoró la comunicación de larga
distancia.
Vail estaba preocupado por
el hecho de que la patente iba a vencer en
1894 y para entonces, la empresa tenía que
estar lista para enfrentar una competencia
encarnizada. Pero cuando llegó ese momento,
Vail ya había dejado de la empresa para
mudarse a Argentina, donde de dedicó a
administrar empresas de servicios públicos.
Sin él al frente, la flamante American
Telephone & Telegraph Co. atravesó
varias dificultades: estaba sobreextendida,
la calidad del servicio era pobre y las
autoridades antimonopolio estaban cada vez más
preocupadas por la costumbre que tenía
AT&T de comprar aquellas empresas
independientes que le interesaban y aplastar
a las demás.
AT&T decidió
contratar nuevamente a Vail, quien se
reinstaló como presidente ejecutivo en 1907
después de que un grupo bancario, dirigido
por el legendario magnate J.P. Morgan,
tomara control de AT&T. Para 1919, año
en que Vail se jubiló, la telefónica había
conquistado los mercados de servicios
locales y de larga distancia. Siempre
obsesionado con derrotar a la competencia,
el directivo había transformado Western
Electric, el brazo fabricante de AT&T,
en un monopolio para el mercado de equipos
telefónicos. Vail instauró una cultura
empresarial que no sólo estaba enfocada a
la estandarización, sino también a la
constante investigación e innovación
tecnológica. (Bell Labs, la famosa división
de investigación y desarrollo de AT&T,
fue establecida formalmente en 1924.)
Vail consiguió además
hacer las paces con las autoridades
federales en 1913 mediante el Compromiso de
Kingsbury. A través de este acuerdo,
AT&T accedió vender Western Union y sus
operaciones telegráficas, además de
aceptar algunos límites para sus futuras
adquisiciones y permitir las conexiones de
las líneas gestionadas por empresas
independientes.
Pero los problemas con el
gobierno de EE.UU. reaparecerían pronto. En
1949 las autoridades entablaron una nueva
demanda en contra de AT&T: se le acusaba
de violar las leyes antimonopolio y se le
exigía que vendiera Western Electric. La
demanda fue abandonada en 1956 a cambio de
la promesa por parte de AT&T de no
participar en el sector informático. La
tregua duraría poco: a finales de los años
60, un cambio en la legislación vigente de
la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC)
sentó las bases para un exitoso juicio
antimonopolio. En 1968, un fallo de la FCC
dictaminó que AT&T tenía que permitir
que otras compañías se conectaran a su
red. Un año después, la FCC estableció
que la diminuta Microwave Communications
Inc. - que sería conocida después como MCI
- tenía derecho a conectar su servicio de
radio por microondas al Sistema Bell.
En 1974, tanto MCI como el
gobierno federal demandaron a AT&T por
violar de nuevo las leyes antimonopolio.
Para entonces, la empresa había perdido
mucha imagen: los clientes se habían
cansado de un servicio altivo y la calidad
mediocre de sus productos.Cada vez más
compañías presionaron para que los
mercados locales y de larga distancia se
abrieran a la competencia. Por si fuera
poco, y a pesar del hecho de que Bell Labs
era todavía el líder indiscutido en
investigación y desarrollo - en 1969 inventó
el sistema operativo Unix -, la empresa
matriz se mostraba indiferente u hostil
hacia cualquier tipo de tecnología
inventada por otros. La ideología
empresarial de Vail se había convertido en
una cultura de privilegios para una
burocracia conservadora que creía que
ninguna persona ajena a AT&T podría
inventar cosas útiles.
En 1982, AT&T se rindió.
El gigante terminó herido por el gran empeño
demostrado por el Departamento de Justicia
de EE.UU., la agresiva presión del Congreso
y un fallo judicial que otorgó a MCI una
indemnización de US$1.800 millones (aunque
la cantidad fue reducida a US$113 millones
en una revisión posterior del caso). La
compañía puso en marcha una escisión de
dimensiones gigantescas: 22 telefónicas
locales fueron reestructuradas para formar
las siete empresas regionales conocidas como
las "Baby Bells". AT&T se quedó
con su negocio de larga distancia, su
fabricación de aparatos para las
telecomunicaciones y su centro de
investigación Bell Labs. A cambio, se le dió
permiso para volver a competir en el negocio
de las computadoras.
La nueva AT&T nació
el 1 de enero de 1984 y en poco tiempo se
encontraría en apuros. Su servicio de larga
distancia se mantenía fuerte, pero el
renovado negocio de computadoras resultó
todo un desastre, completamente desconectado
del ritmo frenético de innovaciones que
predominaba en el sector. La venta de
equipos para telecomunicaciones también
padecía muchos problemas y la compañía
mantenía su viejo estilo de marketing,
parecido al de un rey que regalaba favores.
La transformación de la
cultura empresarial y una AT&T renovada
fue emprendida por Robert Allen, quien ya
había jugado un papel clave en la
reestructuración de la compañía tras su
escisión. Contratado en 1988, Allen redujo
agresivamente la nómina y los costos, creó
nuevos departamentos con mayor autonomía,
sustituyó a la vieja guardia por nuevos
administradores más ambiciosos, e incluso
presionó a Bell Labs para que
comercializara más productos.
Allen quería una compañía
y una red que unificarían las
telecomunicaciones y la informática para
forjar una potencia mundial: la maquinaria y
tecnología de AT&T serían la fuerza
motriz para la operación de redes marca
AT&T, que transmitirían llamadas y
datos que usarían computadoras y software
también de AT&T. Para poner en práctica
la visión, Allen trató de adquirir lo que
AT&T no podía producir. Así fue cómo,
para paliar las dificultades de su división
de computadoras, la empresa gastó US$7.500
millones en la compra hostil de la
fabricante informática NCR Corp.
A pesar de ser
deslumbrante, la visión de Allen nunca
funcionó. La adquisición de NCR resultó
todo un fracaso. El crecimiento de AT&T
fue lento y el estado de ánimo de los
empleados se vió gravemente afectado por
las contínuas reestructuraciones. En 1995,
el directivo dio otro viraje y volvió
dividir la empresa. AT&T se quedó con
sus operaciones de larga distancia y de
telefonía celular (fruto de un acuerdo de
US$11.500 millones para adquirir McCaw
Cellular Communications Inc.), escindió su
división informática y fusionó Bell Labs
y su brazo de fabricación para crear otra
empresa independiente, Lucent Technologies
Inc.
De este modo, AT&T
pudo concentrarse en su negocio de larga
distancia y organizar los preparativos para
regresar al sector de servicios locales y
competir con las Baby Bell (telefónicas
regionales) que habían sido suyas varios años
atrás. En enero de 1998, AT&T gastó
US$11.300 millones para adquirir Teleport
Communications Group Inc., un pequeño rival
perteneciente a la grupo de regionales.
Paralelamente a ello, preparó otra
estrategia para entrar al mercado de
llamadas locales.
En junio de 1998, AT&T
anunció un acuerdo de US$48.000 millones
para comprar Tele-Communications Inc (TCI),
el gigante de servicios de cable. TCI, que
tiene una participación de control en
AtHome Corp., es además proveedora se
servicios de Internet. Desde la compra de
AT&T, TCI ha buscado mejorar su red de
cable para ofrecer nuevos servicios, desde
acceso rápido a Internet hasta
comunicaciones telefónicas e innovadoras
tecnologías de televisión. La intención
de la compra es que la red de TCI se
convierta un arma poderosa en la batalla
contra las Baby Bell.
La adquisición, si todos
los organismos gubernamentales la aprueban,
exigirá enormes gastos de infraestructura.
Además, AT&T se enfrentará a su propio
historial: hasta la fecha ha acumulado
varios fracasos en Internet y servicios en línea.
El Departamento de Defensa de EE.UU. trató
de entregarle ARPANET (el antecesor de
Internet) a AT&T a comienzos de los años
70, pero la compañía rechazó la propuesta
con altivez. En 1993, se frustró una
tentativa de unir fuerzas con Bell Atlantic
Corp. para formar un titán de servicios
digitales. WorldNet, el proyecto de
servicios en línea que AT&T anunció
con bombo y platillo, inauguró la era de la
tarifa fija para el acceso a Internet, pero
no hizo casi nada para mejorar la reputación
o las ganancias de la empresa.
A pesar de todo ello, hoy
en día AT&T se encuentra muy bien
posicionada para lanzar la época --
anunciada ya desde hace mucho -- de
competencia encarnizada en el sector de las
telecomunicaciones y para transformar
Internet en un verdadero medio masivo de
comunicación. Tal éxito resultaría irónico
a la luz de todos los errores que AT&T
ha cometido. No obstante, sería una ironía
placentera, tanto para la empresa como para
sus clientes.
En abril de 1999 sorprendió
al mundo financiero con una oferta no
solicitada de US$54.000 millones por el
gigante de televisión por cable Media-One
Group Inc., quitándosela de las manos a
Comcast Corp., que había acordado comprar
la compañía. La decisión dejó a AT&T
en una muy buena posición para convertirse
en el principal operador de cable de Estados
Unidos y le permitió obtener una presencia
importante en 18 de los principales 20
mercados del país norteamericano; una
posición nada despreciable que ayuda a su
plan de utilizar el cable para ofrecer
acceso de alta velocidad a la red y
servicios telefónicos.
El juego de piezas de
AT&T desató una corriente de
nerviosismo entre las acciones de las compañías
de televisión por cable, a tiempo que una
cantidad de compañías alternativas que
podría ofrecer algunas de sus reservas para
comprar -- Microsoft, America Online y MCI
WorldCom -- presentaron contraofertas para
intentar que AT&T no obtuviera demasiado
control en el negocio del cable. Pero
AT&T se mantuvo sólida, llegó a un
acuerdo con Comcast que la sacó del campo
de batalla y luego hizo las paces con
Microsoft.
Cuando el polvo comenzó a
asentarse, se vio aparecer a una nueva
AT&T, que en el lapso de un año se había
transformado de una referencia en telefonía
a una referencia en cable, con un ojo puesto
en un futuro -- no muy lejano -- en el que
las dos industrias se conviertan en una
sola. A pesar de los errores de AT&T, la
compañía se encuentra hoy en día en una
muy buena posición para transformar
Internet en un verdadero medio masivo de
comunicación.
|