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Cuando Compaq
Computer anunció que tenía planes para
colocar una publicidad de neón de 10 metros
de largo en el centro de Hong Kong - junto a
nombres muy arraigados en Asia como NEC,
Toshiba, Canon y Sharp -, la compañía tenía
en mente algo más que un inteligente golpe
publicitario. Era una clara señal de que el
mayor fabricante mundial de computadoras
personales estaba buscando de forma agresiva
negocios en Hong Kong, el principal puerto
de ingreso al creciente mercado chino.
No está
mal para una compañía que nació hace
menos de 20 años en una pastelería. Compaq
tardó sólo cuatro años en pasar de recién
nacida a pertenecer a la lista de las 500
compañías de Fortune. Para el año 2000
pretende llegar a facturar US$40.000
millones y convertirse en una de las tres
principales fabricantes de computadoras del
mundo.
Además de
luchar por aumentar su cuota de mercado en
Asia, Compaq intenta desarrollar nuevas líneas
de productos. La más reciente señal de
esta estrategia fue la compra de Digital
Equipment, fabricante de costosas estaciones
de trabajo y un gigante de servicios informáticos,
una empresa por la que pagó US$9.000
millones.Compaq fue fundada en 1982 - en el
mismo momento en que comenzaba a despegar el
mercado de clones de computadoras de IBM -
por Joseph Carion y otros dos ex ingenieros
en Texas Instruments, James Harris y William
Murto.
Compaq
fabricó su primer clon de IBM ese mismo año.
También se mostró más propensa a innovar
que el resto de las compañías que se
dedicaban a clonar computadoras y presentó
una línea de computadoras portátiles
comptatible con las PC (a pesar de que con
15 kilogramos, la computadora de Compaq era
considerada todo un equipaje más que una
portátil).A mediados de los 80 hubo un período
difícil para los fabricantes de clones de
computadoras personales. Los pequeños
armadores de computadoras clonadas andaban
muy cerca del precipicio y Compaq no era la
excepción, aún después de un primer año
muy exitoso en el que registró ganancias
por US$4,7 millones y una facturación total
de US$111 millones. Pero a pesar de los
peligros, Compaq se mantuvo con buena salud.
La empresa
supo sacar provecho a las promociones
tradicionales en los medios de comunicación
y entendió la necesidad de gastar más
dinero que sus competidores en atractivos
mensajes publicitarios. En su carrera contra
IBM se comprometió a sacar el próximo
descubrimiento tecnológico antes que lo
hiciera su gigantesco rival. Y así fue:
cuando sus ventas igualaron a las de IBM en
las computadoras con microchip 286, Compaq
tomó la delantera y lanzó de una
computadora que llevaba el chip 386 de
Intel. De este modo, Compaq logró mantener
importantes márgenes de ganancia y
permanecer fuera de la desgastante guerra de
precios.La recesión por la que atravesó
Estados Unidos a comienzos de esta década
golpeó a Compaq y sacudió a toda la
industria de la computación.
En octubre
de 1991, Rod Canion, el único presidente
ejecutivo que Compaq había tenido, fue
expulsado tras una maratónica reunión de
directores. Canion, el aparentemente
inexpugnable rey, fue sustituido por Eckhard
Pfeiffer, quien había logrado que el
negocio de Compaq en Europa superara los
US$2.000 millones. Pfeiffer tuvo que volver
a Houston para tomar el puesto de director
general de operaciones. Ahora es el
presidente de la compañía. Compaq
comprendió comno pocos que se tenía que
mover con más rapidez para adaptarse a la
nueva realidad económica en el negocio de
las computadoras personales: ciclos de
producción increíblemente cortos, guerras
interminables de precios y reducidos márgenes
de ganancias.
La empresa
desató una ácida guerra con sus rivales en
1993 al recortar drásticamente los precios
de sus modelos 386 y 486. Al año siguiente
superaría a IBM y Apple para convertirse en
la principal fabricante de computadoras del
mundo.En la actualidad, la compañía continúa
superando obstáculos. Ha tomado algunas
decisiones que le permitirán competir mejor
en el mercado corporativo e imitar el modelo
exitoso de Dell y Gateway en la fabricación
de computadoras.
Ya no se
confía en los pronósticos trimestrales de
ventas, sino que las máquinas se ensamblan
a medida que entran las órdenes de
fabricación. Luego de que fracasó en la
compra de una compañía especializada en
marketing directo, a mediados de 1998 Compaq
comenzó a vender directamente computadoras
a pequeñas y medianas empresas.En enero de
1998, tomó una decisión audaz: la compra
de Digital Equipment por US$ 8.550 millones.
Esta compra
tuvo la intención de colocar a Compaq en
una posición que le permitiría ir más allá
del mundo de las computadoras personales y
dirigirse hacia dos nuevos reinos: el
mercado de computación más sofisticado y
caro - Digital fabrica poderosas estaciones
de trabajo y servidores de Internet - y el
servicio de las operaciones de computación
para grandes compañías.
Pero la
integración de las fuerzas de ventas de las
dos compañías no será fácil. Mientras
tanto, Compaq ha tenido que vérselas con un
complejo sistema de distribución. En el mes
de mayo la compañía anunció que reduciría
a cuatro los distribuidores en Norteamérica
(de unos 40).
La compañía
sufrió serios problemas de inventario en
1998. A finales del año pasado, lanzó una
línea de computadoras personales que se
venderían a través de Internet y del teléfono,
pero después de que los revendedores
levantaran la voz, la compañía puso estas
computadoras en las manos de estos
comerciantes, en detrimento de sus
inversiones en venta directa. Incrementó de
esta manera los costos de ventas. Compaq
defendió su combinación de técnicas como
una "elección para los clientes",
los analistas la llamó "confusión
para los clientes".
El último
golpe para Pfeiffer se produjo en abril de
1999, cuando Compaq dio conocer un
comunicado en el que indicaba que no
alcanzaría los números estimados para el
primer trimestre. La compañía señalar que
el pobre rendimiento de la compañía fue un
reflejo de los problemas generales de la
industria de las computadoras personales,
pero la facturación de rivales como
Hewlett-Packard y Dell se mantuvo saludable.
Los analistas se sorprendieron de la
advertencia y se enfurecieron ante el
intento de una división; Pfeiffer llamó a
una desesperada serie de conferencias por
teléfono para reparar los daños.
Era una
batalla perdida, ocho días después de la
advertencia sobre las ganancias, la comisión
directiva de Compaq pidió la renuncia de
Pfeiffer.
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