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Hewlett-Packard,
una de las compañías de tecnología más
admiradas del mundo, se convirtió en el
prototipo de la empresa que nació de forma
independiente en el legendario Silicon
Valley. Desde entonces, todas las firmas de
la región que han seguido sus pasos han
tratado, consciente o inconscientemente, de
emular sus métodos.
Hewlett-Packard
(H-P) fue una compañía progresista antes
de que ese atributo se convirtiera en moda y
mucho antes de que su estilo de hacer
negocios llegara a ser considerado como
"políticamente correcto". A la
vez que mantuvo altos índices de
rentabilidad, la compañía estableció el
estandar para miles de nuevas empresas
independientes. H-P siempre ha evitado la
burocracia y se ha esforzado por mantener
una estructura compuesta de pequeñas
unidades, todas ellas guiadas por un espíritu
empresarial independiente.
Hoy, H-P es
una de las 10 proveedoras más grandes de
computadoras personales, servidores, periféricos
y servicios como la integración de
sistemas, mientras su facturación ha
crecido de unos US$13.200 millones a
comienzos de la década hasta alcanzar
US$47.100 millones en el año fiscal de
1998.
Sin
embargo, el legendario crecimiento de la
compañía se ha desacelerado un poco en los
años recientes. Lo que más preocupa a los
analistas es la idea cada vez más extendida
de que H-P no ha querido resolver los
espinosos problemas que enfrentan sus
divisiones . Ahora es imprescindible
solucionarlos para reanimar el crecimiento.
Aunque
mucha gente considera a Apple Computer como
la más característica de las empresas
surgidas en Silicon Valley, en realidad el
verdadero ejemplo es el de H-P. Sus origenes
remontan a 1939, año en el que William
Hewlett y David Packard unieron sus fuerzas
tras estudiar la carrera de ingeniería en
la Universidad de Stanford. Su objetivo era
fundar una compañía que llenara los huecos
existentes en el negocio de equipos de alta
tecnología.
Ambos
comenzaron su trabajo en el garaje de
Packard, un sitio que ahora se ha convertido
en un lugar histórico de California. Sus
primeros inventos fueron curiosos aparatos
para el juego de bolos o la afinación de
armónicas. El primer éxito importante la
de la recién creada empresa llegó cuando
Walt Disney compró ocho audioosciladores
para vigilar la banda sonora de la película
"Fantasia".
H-P continuó
con el diseño de productos especializados,
como emisores para bloquear el
funcionamiento de los radares y productos
para probar los hornos de microondas. Salió
a bolsa en 1957 y llegó a la lista de los
500 de Fortune por primera vez en 1962. En
1968 H-P presentó su primera calculadora de
escritorio, la H-P 9100A, que según la
empresa era la precursora de las modernas
"estaciones de trabajo"
computarizadas; en 1972 fabricó la primera
calculadora científica que cabía en una
mano.
Conforme
H-P crecía y prosperaba, se crearon nuevas
divisiones de la empresa matriz las cuales
se establecieron como grupos empresariales
independientes. La idea era adecuada para la
vieja línea de aparatos de medición, que
no exigía mucha coordinación entre las
distintas divisiones. Pero las computadoras
eran otra cosa: a finales de los años 70
las diferentes de la empresa se tropezaban
unas con otras en sus esfuerzos por vender
distintos productos.
Para
resolver el problema, H-P tomó dos pasos
cruciales a comienzos de los 80: decidió
que sus computadoras se ajustarían a normas
comunes y en 1984 trató de unir sus
operaciones informáticas en una sola división.
La primera
medida resultó bastante astuta: el negocio
de computadoras de H-P despegó en la década
de los 80 y la firma llegó a dominar el
lucrativo negocio de impresoras para las
computadoras, se recuperó tras un comienzo
desastroso en el sector de las PC, mantuvo
su posición en el área de las estaciones
de trabajo y reformó su línea de
minicomputadoras.
La segunda
medida, sin embargo, se convirtió en un
verdadero lastre a largo plazo. Dar la
responsabilidad de todas las computadoras a
una sola división ayudó a la compañía a
cambiar a una arquitectura única, pero la
organización sufría por un complejo
proceso para la toma de decisiones, basado
en reuniones entre los varios grupos que
fabricaban los componentes usados en las
computadoras.
El gran
golpe llegó en 1990, cuando Motorola
postergó la entrega de un microprocesador
que H-P había planeado usar para una nueva
generación de estaciones de trabajo. El
retraso condujo a una pérdida de USD$750
millones en las ventas, según los cálculos
de la empresa. Para algunos observadores,
todo esto reflejaba el envejecimiento de
H-P. En 1990 sus ganancias cayeron a cada
trimestre, su cotización bursátil llegó a
su nivel más bajo en ocho años y el estado
de ánimo del personal se encontraba a la
deriva.
Los
analistas vieron en ello los síntomas clásicos
del gigantismo empresarial: lentitud en la
toma de decisiones, conflictos entre
distintos feudos dentro de la compañía y
una estructura de costos no controlada. Pero
Packard y John Young, en ese entonces
presidente ejecutivo de la firma, prepararon
el camino para una asombrosa metamórfosis:
redujeron radicalmente los obstáculos
burocráticos para el desarrollo de
productos, reestructuraron la fuerza de
ventas y abrieron paso a nuevas y enérgicas
campañas publicitarias.
H-P repuntó
en los años 90 a tal grado que tuvo que
recordar a los inversionistas que el
crecimiento annual del 20% tanto en ingresos
como ganancias no podría mantenerse por
tiempo indefinido. Y tenía razón: el auge
comenzó a disminuir en 1996 y ha
permanecido estancado desde entonces.
En
noviembre de 1998, H-P informó que había
tenido otro trimestre decepcionante (las
ventas habían crecido sólo un 4%).
Enojados, los analistas acusaron a la
empresa de no haberles advertido de la mala
notician e intensificaron las críticas
hacia la empresa. H-P echó la culpa de su
lento crecimiento a la crisis económica asiática,
pero la verdad era que casi todas sus líneas
de productos habían tenido problemas. Según
los analistas, uno de los principales obstáculos
estaba en la diversicación de actividades,
puesto que con negocios tan distintos era
difícil poner en práctica soluciones que
involucraran a toda la compañía.¿H-P había
vuelto a ser demasiado grande para
reaccionar rápidamente a los retos del
mundo de los negocios? En diciembre de 1998,
la plana ejecutiva de H-P se reunió con
varios analistas en un esfuerzo por
controlar los daños. Los voceros de la
compañía dijeron que iban a revisar todas
sus operaciones e invitaron incluso a
consultores externos a analizar casi todos
los aspectos de la firma, desde sus líneas
de negocio o sus políticas de márketing
hasta su cultura empresarial.
De estos
pasos previos se produjo una de las mayores
divisiones en la historia corporativa de
Estados Unidos. En marzo de 1999 H-P dijo
que dividiría varias de sus divisiones, que
representaban US$7.600 millones de la
facturación total de la compañía para
1998, US$47.100 millones, y preparó el
terreno para una salida a bolsa de cerca del
15% de las nuevas -- y todavía sin nombre
-- acciones en circulación de la compañía
para fin de año.
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