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"Sólo el
paranoico sobrevive", reza el dicho del
legendario jefe de Intel, Andrew Grove.
El lema de
Grove podría parecer absurdo, puesto que el
90% de las PC del mundo funcionan con chips
de Intel y la compañía tiene el potencial
de convertirse en la más rentable del
planeta.
También
esta fue la filosofía que obligó a Intel a
salir de un mercado en el que no podía
competir y entrar a otro donde hoy ocupa la
posición dominante. De hecho, dado el carácter
cíclico de la producción que determina la
vida o muerte de Intel, la paranoia es la única
filosofía que tiene sentido.
Con el
credo de su presidente ejecutivo, Intel
trabaja incansablemente para crear una mayor
demanda para computadoras cada vez más
poderosas y rápidas. Como parte de su misión
de realizar innovaciones constantes en el
campo de la informática, la compañía se
ha convertido en una de las inversionistas
de capital de riesgo más grandes y astutas
de Silicon Valley para el desarrollo de
software.
Con ello,
Intel asegura que cada generación de sus
microprocesadores será acogida con
entusiasmo. Las nuevas aplicaciones exigen
computadoras más rápidas, e Intel
desarrolla chips más rápidos y poderosos
para operarlas. Estos chips nacen como
pioneros del mercado y captan enormes márgenes
de utilidad bruta para la compañía. Sus
competidores la alcanzan rápidamente con
diseños comparables y más baratos, pero
cuando esto ocurre Intel ya está lista con
su próximo chip, comenzando un nuevo ciclo
de productos.
Según la
"Ley Moore", el famoso pronóstico
de Gordon Moore, cofundador de Intel, la
potencia de un chip se duplica cada 18
meses. Por más de dos décadas la predicción
ha sido correcta. No obstante, el
significado de la Ley Moore radica más en
su carácter de receta para el éxito
continuo de Intel que en su exactitud como
descripción de las leyes de la informática.
El éxito
de Intel depende de la vigencia de la Ley
Moore. ¿Logrará la empresa duplicar la
potencia de los chips cada 18 meses? ¿Mantendrá
una base de clientes que crea cada nuevo
incremento de potencia informática es
realmente necesario? Mientras la respuesta
se mantenga afirmativa, los márgenes de
utilidad de Intel seguirán a niveles
estelares. En cuanto se vuelva negativa, la
compañía se encontrará en apuros al
enfrentar una acumulación de inventarios y
de capacidad no utilizada en sus fábricas.
Dada la
importancia de mantener el negocio, Intel no
confía en los demás: la empresa asegura la
fabricación de las nuevas aplicaciones y el
progreso constante de la industria informática.
Después de todo, sólo los paranoicos
sobreviven.
La de Intel
es una historia de tres visionarios, cada
uno de los cuales ha jugado un papel central
en un momento crítico de la vida de la
empresa.
El primero
fue Robert Noyce, a quien se le atribuye la
invención de los circuitos integrados en
1959, cuando trabajaba en Fairchild
Semiconductor. Noyce y Moore salieron de
Fairchild en 1968 para fundar Intel, junto
con Grove, quien en ese momento era el
director de un laboratorio.
El plan de
negocios original del trío, que se ha
conservado en la sede de la compañía en
Santa Clara, California, consta de una sola
página. La empresa llamó la atención en
1970, cuando lanzó el 1103, el primer chip
de RAM (memoria de acceso aleatorio) que
llegó a venderse ampliamente. Pero el
producto que resultó clave para Intel
(aunque durante muchos años no lo vio así)
fue diseñado un año después.
Ted Hoff,
de Intel, estaba trabajando con Busicom, una
fabricante japonesa, en el diseño de chips
para una calculadora. El ingeniero creó un
chip programable: el microprocesador 404, de
0,1 MHz, que costaba US$300.
Busicom no
entendió que tenía el futuro de la informática
en sus manos; de hecho, ni siquiera le gustó
el proyecto de Hoff. A Intel, sin embargo, sí
le agradó y varios meses más tarde gastó
US$60.000 para adquirir la tecnología que a
la larga le reportaría miles de millones de
dólares. Al primer microprocesador le
sucedieron otros y en 1978 Intel presentó
el modelo 8086, de 16 dígitos binarios y
una velocidad máxima de 10 MHz. Era el
primero en la serie x86 que durante años
dominarían la industria de la computación
bajo la marca Pentium.
Hasta
comienzos de los años 80, el negocio
primordial de Intel eran los chips de
memoria. Pero el futuro de estos
microprocesadores era cada vez más
incierto: otras firmas de EE.UU. estaban
entrando al mercado y los japoneses parecían
posicionarse para dominar el segmento. Para
entonces, IBM ya había utilizado un
microprocesador de Intel para que fungiera
como cerebro de su primera computadora
personal.
Intel se
dio cuenta de la futilidad de mantener su
negocio de memoria informática y lo abandonó
para concentrarse en su punto fuerte: la
fabricación de microprocesadores. La decisión
rindió frutos jugosos. A comienzos de los
90, Intel se había convertido en la mayor
compañía del mundo en el sector de los
chips. Avanzaba hacia la meta de ser un líder
de la industria informática y de poner en
práctica la estrategia
"paranoica" de Grove.
Las
propuestas tecnológicas de Intel se
convirtieron en normas de la industria y la
empresa fundó un laboratorio de investigación
y desarrollo en Oregon para idear nuevos
softwares y ayudar con el desarrollo de
nuevos mercados. Los esfuerzos por cumplir
la misión no se limitaron tampoco a las
operaciones propias: Intel comprometió
capital de riesgo a un sinnúmero de ideas,
aunque la compañía siempre ha guardado un
modesto silencio a este respecto.
Una prueba
del nuevo papel y de la nueva fama de Intel
llegó en 1994, cuando se descubrió un
problema con la forma en que el chip Pentium
(que según la vieja nomenclatura habría
sido el 586) redondeaba los números. La
falla fue tan pequeña que era casi
imposible que los usuarios comunes y
corrientes la detectaran. Intel dijo que iba
a componerla en la próxima generación de
chips y buscó seguir adelante, pero se vio
inundada con publicidad negativa. La compañía
aprendió de su error y tomó las medidas
necesarias para atender las quejas de los
clientes; Craig Barrett, en ese entonces
director general de operaciones, jugó un
papel esencial en estos esfuerzos. Barrett
sería nombrado presidente ejecutivo de
Intel a finales de 1998.
No cabe
duda de que Intel ha mantenido su liderazgo
en la industria de los chips. òltimamente,
sin embargo, han aparecido algunas grietas
en su armadura. La más notoria de ellas fue
la demanda por presuntas violaciones de las
leyes antimonopolio que entabló la Comisión
de Comercio de EE.UU. (FTC). Según el
organismo, Intel habría tratado de
restringir tanto las innovaciones como la
competencia al tomar represalias contra
Intergraph, Compaq y Digital Equipment. De
acuerdo con las acusaciones del gobierno, la
fabricante de chips habría dejado de
compartir información sobre sus productos
cuando estas firmas pusieron objeciones a
las condiciones que Intel quería imponer
para otorgar licencias. No obstante, los
analistas creen que los cargos no tienen
mucho peso, salvo que la FTC utilice la
demanda como preludio a una acusación de
que Intel se ha convertido en monopolio y
entable una demanda de mayor envergadura en
contra de la compañía.
Mucho más
problemático para Intel es el surgimiento
de nuevos modelos económicos de PC, además
del retraso que ha experimentado en el
lanzamiento de un nuevo chip clave. La compañía
enfrenta ahora la competencia más
encarnizada que haya experimentado en muchos
años.
Los precios
y márgenes de utilidad de Intel han sufrido
la presión de un gran cambio en el mercado
de las PC, donde hay una creciente tendencia
en vender computadoras por menos de
US$1.000. La reacción de Intel ha sido
lenta: apenas comienza a tomar medidas enérgicas
para reducir el precio de los chips y
orientar la producción a este sector del
mercado. Esto abrió la puerta a los
rivales: Advanced Micro Devices, otra
fabricante de chips, tiene ahora el 70% del
mercado de chips para las PC económicas.
En años
anteriores, la respuesta de Intel hubiera
sido resistir a estas presiones mediante la
comercialización de chips más poderosos
que harían obsoletos a sus antecesores -la
carrera para mantener el ritmo de la Ley
Moore. Sin embargo, las aplicaciones que
obligarán a los consumidores a conseguir
aparatos más rápidos y potentes no se han
materializado aún en 1999. Otro obstáculo
en el camino de Intel es una demora en la
entrega de Merced, su nueva generación de
microprocesadores. El chip Merced abandona
la arquitectura de los x86 dominante desde
1981 y utiliza en su lugar una estructura más
poderosa de 64 bits. Tenía previsto salir
al mercado en el segundo trimestre de 1999,
pero ahora se ha postergado el lanzamiento
hasta mediados del año 2000.
Algunas
variantes del chip Merced operarán a la
velocidad de 600 MHz. Se espera que se
convierta en la nueva frontera de la
potencia informática y que el logotipo de
Intel Inside (Intel adentro) aparezca en los
primeros productos que lo empleen. Hasta que
logre abrir paso a esta nueva frontera,
Intel podría enfrentar una de las batallas
más encarnizadas de su historia.
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