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Christopher
Galvin ha demostrado que puede tomar
decisiones difíciles. Ahora, el directorio
de Motorola espera para ver si se trataba de
las iniciativas correctas.
Galvin,
presidente ejecutivo del gigante de
comunicaciones inalámbricas, es nieto del
fundador de la compañía e hijo de Robert
Galvin, el dirigente más exitoso que ha
tenido Motorola. Fue nombrado para el máximo
cargo en 1997 por un directorio fuertemente
influenciado por su padre y aún no se ha
podido librar de ciertos comentarios acerca
de que su apellido ha pesado más que su
talento.
Sin
importar la validez o no de estas críticas,
Galvin enfrenta una situación que plantearía
grandes retos para cualquier otro presidente
ejecutivo: desde 1995, Motorola ha perdido
la posición dominante que tenía en el
mundo de las comunicaciones inalámbricas,
ha luchado con la transición de los teléfonos
celulares analógicos a los digitales y ha
enfrentado problemas en Asia además de
varias guerras de precios en otros mercados.
Galvin ha
respondido con un intento por reinventar la
compañía. Ha recortado la nómina,
consolidado las operaciones, apostado por
nuevas tecnologías y tomando medidas para
poner fin a las guerras entre las divisiones
conocidas como "tribus".
Pero, ¿tendrá
éxito? Los primeros resultados han sido
buenos y, hasta la fecha, Wall Street ha
mostrado una actitud positiva hacia los
cambios que Galvin ha emprendido. Sin
embargo, los analistas dicen que hay otros
problemas que no están bajo control de
Motorola y se preguntan de cuánto tiempo
dispondrá el directivo para arreglar la
situación.
Fundada en
1928, Motorola fue una de las primeras
fabricantes de radios para automóviles (en
nombre de "Motorola" se acuñó
para sugerir la combinación de sonido y
movimiento), y luego se transformó en una
de las principales empresas del sector
tecnológico.
es
exactamente lo que hace Motorola hoy en día?
Prácticamente de todo. La compañía con
sede en Schaumberg, Illinois, es dueña de
un extenso imperio que participa en casi
todos los segmentos de la tecnología,
algunos rentables y otros no, desde teléfonos
celulares y bípers hasta microprocesadores.
Motorola es
la mayor proveedora mundial de teléfonos
celulares, bípers y otros dispositivos de
telecomunicaciones, además de ser una de
las principales fabricantes de
semiconductores. Tradicionalmente, la
empresa ha sido dividida en seis sectores de
negocios: Sistemas Generales, que fabrica
teléfonos celulares y productos
relacionados; Semiconductores; Sistemas de
Mensajes, Información y Medios, que produce
bípers; el Sector de Productos Móviles
Terrestres, que fabrica radioteléfonos;
Productos Automotrices, Energía y
Controles; y Tecnología Gubernamental y
Espacial.
En el
pasado, las principales filiales de Motorola
en los sectores de bípers, telefonía
celular y semiconductores han gozado de un
grado considerable de autonomía, lo que les
ha valido el apodo de "un grupo de
tribus en guerra" por aquello de que
compiten entre sí por los mercados.
En su
primer año como presidente ejecutivo,
Galvin puso un punto final a esa estructura.
Ahora se prepara una reestructuración cuyo
resultado será una compañía tripartita
compuesta por una división orientada a los
consumidores, otra dirigida a las empresas y
una última encargada de las soluciones para
redes informáticas.
Hay quienes
se preguntan si la reorganización será
suficiente. Motorola cometió un gran error
al no anticipar el cambio dentro de la
industria de telefonía inalámbrica: de teléfonos
celulares análogos a digitales; luego,
sobreestimó su propia capacidad de
comercializar los dispositivos digitales.
Eso condujo al desplome de su cuota del
mercado de telefonía celular y, como parte
del esfuerzo por contrarrestar este
problema, su adquisición en diciembre de
1998 de las operaciones de Lucent
Technologies en el sector de la telefonía
celular para consumidores.
Galvin, que
comenzó su carrera en Motorola como
vendedor en 1973, sustituyó a Gary Tooker,
que en la opinión de muchos no supo
administrar bien la compañía cuando tomó
el mando de Motorola de las manos de George
M.C. Fisher. Fisher salió en 1993 tras
cinco años extraordinarios para la empresa,
en los que llevó a cabo una reinvención de
la compañía tan audaz como la que Galvin
está tratando de realizar ahora. ahora.
Bajo la administración de Fisher, Motorola
se convirtió en líder mundial del mercado
de bípers, teléfonos celulares y radioteléfonos.
Se le consideró también el motor principal
de los grandes éxitos de diseño y
fabricación que a mediados de los 80
permitieron a Motorola fabricar bípers más
baratos, pequeños y confiables que los
japoneses, recapturando un mercado que según
los expertos las empresas de EE.UU. ya había
perdido. Durante la época de Fisher, la
facturación de Motorola subió de US$8.000
millones a una cifra estimada en US$16.000
millones.
Fisher se
ganó además una reputación por hacer
apuestas astutas en la nueva tecnología.
Uno de los ejemplos de mayor envergadura fue
Iridium, la empresa de satélites de
Motorola: un sistema global de
comunicaciones basado en 66 satélites,
propiedad de un consorcio de compañías
telefónicas, de aeroespacio y de equipos
para las comunicaciones. (Según el plan
original, aprobado por Robert Galvin, el
sistema iba a contar con 77 satélites y por
ello el nombre del sistema: el iridio es el
elemento número 77 en la tabla periódica.)
Motorola
escindió Iridium para formar una empresa
aparte, pero bajo la dirección de Galvin el
interés de la empresa en las comunicaciones
inalámbricas no ha disminuido. En mayo de
1998 la compañía compró una participación
de US$750 millones en Teledesic, el proyecto
por US$9.000 millones del magnate de
comunicaciones Craig McCaw, para la entrega
rápida de datos e imágenes de video vía
299 satélites. Con esta adquisición,
Motorola indicó su intención por detener
Celestri, el sistema de 63 satélites para
la transmisión de datos que había planeado
construir por US$12.000 millones.
Galvin
también ha buscado sanear la situación
financiera de Motorola. En junio de 1998 la
compañía anunció el despido de 15.000
trabajadores, el 15% de la nómina y la fusión
de sus operaciones de semiconductores y
buscapersonas, junto con un cargo contable
por US$1.950 millones para financiar ambas
decisiones.
Galvin ha
subrayado que Motorola quiere concentrarse
en dos "propuestas poderosas" para
el futuro: por un lado, se trata de aumentar
la capacidad portátil y el uso de sus
aparatos inalámbricos; por el otro,
pretende que sus chips se integren a un
abanico de productos de consumo masivo,
desde los motores de autos hasta los
dispositivos de cocina.
Si estas
apuestas resultan y Motorola logra transitar
con éxito hacia las comunicaciones inalámbricas
por satélite, Galvin será visto como héroe
de otra arriesgada reestructuración de la
compañía. Si, por el contrario, las
predicciones fallan y Motorola se encuentra
nuevamente a la zaga de los cambios en las
comunicaciones inalámbricas, la carrera de
Galvin podría experimentar un triste final.
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